La seguridad peatonal exige rediseño urbano y mayor conciencia vial en México
Especialistas en movilidad urbana subrayan que la seguridad del peatón depende de una combinación entre infraestructura adaptada y una cultura vial que priorice al usuario más vulnerable de la vía pública.

La movilidad peatonal segura se ha posicionado como un desafío crítico en las zonas urbanas de México, donde la falta de infraestructura adecuada y la imprudencia al conducir incrementan el riesgo de incidentes. Especialistas en desarrollo urbano señalan que la clave para reducir la siniestralidad radica en el rediseño de las calles bajo el principio de 'visión cero', el cual busca eliminar las muertes y lesiones graves en el tránsito mediante la creación de entornos diseñados para el error humano.
El rediseño del entorno urbano implica la implementación de pasos peatonales a nivel de banqueta, ampliación de aceras, instalación de reductores de velocidad y una mejor iluminación en cruceros peligrosos. Estas medidas buscan convertir las calles en espacios compartidos donde la velocidad de los vehículos motorizados esté estrictamente limitada, garantizando que el peatón, como usuario más vulnerable, tenga siempre la prioridad garantizada y visible en el diseño físico del camino.
Paralelamente a la infraestructura, la educación vial efectiva se presenta como un pilar fundamental para transformar la cultura de movilidad en el país. Expertos en la materia proponen que la capacitación obligatoria para obtener licencias de conducir incluya módulos intensivos sobre el respeto a la jerarquía de movilidad, enfatizando que el peatón ocupa el lugar principal por encima de ciclistas, transporte público y vehículos particulares.
Las autoridades municipales y estatales, en coordinación con la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, enfrentan el reto de homologar los reglamentos de tránsito para que las sanciones por invadir pasos peatonales o exceder límites de velocidad sean aplicadas con rigor. La propuesta de los colectivos de movilidad sugiere que los ingresos recaudados por estas infracciones se destinen directamente a proyectos de mejora de infraestructura peatonal en las colonias con mayor flujo de caminantes.
Finalmente, la integración de políticas públicas que fomenten la caminabilidad urbana no solo busca reducir los incidentes viales, sino también mejorar la salud pública y disminuir las emisiones contaminantes. La transición hacia ciudades más caminables requiere de voluntad política para priorizar a las personas en el presupuesto público, dejando atrás el modelo de desarrollo centrado exclusivamente en la movilidad automotriz que ha prevalecido durante décadas.


